desarrollo de la productividad; y la segunda consiste en que independientemente
del crecimiento, el sistema distributivo margine de los beneficios del
progreso a los más o los haga partícipes en forma desigual.
Al respecto, Paul Krugman advierte esta realidad en la economía
contemporánea de la siguiente manera:
Actualmente hay un círculo vicioso en las economías
ricas que se traslada a las más pobres: mientras el abismo que
separa a los ricos del resto de la población crece, la política
económica apoya los intereses de la elite, los servicios públicos
para la mayoría de la población se quedan sin recursos,
sobre todo en la educación pública. La política
favorece cada vez más a los intereses de los muy ricos y se olvida
de los intereses del resto de la población: las diferencias en
los ingresos se hacen cada vez más abismales.
En este cuarto volumen de El Nuevo Milenio Mexicano,
al que hemos designado Los Retos Sociales, incluimos diversos artículos
sobre temas ligados lo que generalmente se conoce como política
social. Iniciamos con un conjunto de trabajos en los que se aborda el
estado actual de la desigualdad y la pobreza; proseguimos con el análisis
de dos sectores económicos, íntimamente ligados con la
pobreza ancestral y moderna, en donde imperan los círculos viciosos
de las economías de subsistencia o más aún, donde
prevalece la ausencia de intercambios o los mercados operan con demasiada
imperfección. Se trata de la pobreza que se da en buena parte
del campesinado o en amplias capas de su población indígena,
o en los cinturones de miseria de nuestra desordenada urbanización,
y que suele vivir del comercio en pequeño. En este mismo nivel
se incluye un estudio sobre el impacto que tienen los incentivos públicos
sobre la estructura formal e informal de la economía, donde se
polemiza, desde una perspectiva diferente, sobre el mercado informal
como defensa ante los excesos y distorsiones impuestas por el gobierno.
El libro continúa con los temas de educación por considerar
que, si cumple con los requisitos de calidad y disponibilidad, puede
ser un medio eficaz para lograr en el largo plazo la incorporación
de los pobres al progreso del país; al tema educativo se liga
el de la política de ciencia y tecnología, ya que hasta
la fecha no ha sido posible, a todo lo largo del país y de sus
grupos sociales, la adopción de tecnologías modernas y
el desarrollo de una ciencia comprometida con la producción,
lo que explica la baja productividad y la fragmentada naturaleza de
la economía y la sociedad. El tercer tema que se aborda es el
problema de la salud y la seguridad social, mismo que de no resolverse
agregará a la pobreza existente una cuota de aumento que irá
al ritmo del envejecimiento de la población. Es claro que si
la incapacidad del sistema aumenta será imposible sostener a
nuestra población mayor. Cerramos el libro y la colección
con un ensayo sobre el agua, cuya falta de disponibilidad es indicador
de marginación y pobreza extrema. Por otro lado, al agua, a pesar
de su escasez, la seguimos tratando como si fuera un bien libre, y de
la conciencia sobre su limitación dependerá en un futuro
cercano el costo de la vida urbana.
Rodolfo de la Torre y Héctor Moreno, en su artículo sobre
la distribución de la riqueza y el ingreso factorial en México,
muestran que en materia distributiva el control de la inflación
posibilita una mayor igualdad, pero el escaso crecimiento y las dificultades
para generar empleo actúan en sentido contrario; descubren que
entre 1992-2002 los resultados distributivos señalan la existencia
de una ligera reducción de la desigualdad; que la inequidad se
reduce en los periodos de contracción económica y que
la expansión no ha tenido impactos favorables para todos. En
efecto, hacia finales del siglo pasado, cuando prevalecieron las más
altas tasas de crecimiento de su última década, el beneficio
se concentró en los hogares más ricos. Asimismo, del análisis
de la distribución de la riqueza física y financiera surge
un panorama de desigualdad más alarmante que el detectado en
el ingreso de los hogares, el ingreso factorial muestra tendencias de
deterioro distributivo que otros tipos de ingreso ocultan. Los autores
apuntan en el sentido de que la variable fundamental para disminuir
la desigualdad es el capital humano, el cual no aparece tan desigualmente
distribuido en términos de años de escolaridad, aunque
sí en términos de los ingresos y ocupaciones a él
asociados.
Adalberto García Rocha aborda el tema de la distribución
desde la crítica a las políticas que se siguen para combatir
la desigualdad y la pobreza. Sostiene que en la actualidad el objetivo
orientado a su eliminación o reducción adquiere importancia
porque afecta al crecimiento. Al evaluar algunos aspectos de las políticas
contra la pobreza en México, les encuentra deficiencias, algunas
conceptuales, otras prácticas. Muestra que esas políticas
tienden hacia una estrategia menos dispersa y de mayor profundidad,
y es por ello que vale la pena estudiar formas de acelerar esa convergencia
para superar etapas. El autor propone crear un programa que resuelva
de una vez el problema de la pobreza como un fenómeno relativo
a la distribución del ingreso de los individuos, no del suministro
de servicios públicos. Propone un sistema de transferencias que
otorgue un ingreso básico a la población en un monto igual
a la línea de pobreza alimentaria. Cierra su artículo
sosteniendo que la utilidad teórica de su propuesta consiste
en servir de referencia para evaluar la eficiencia de las políticas
públicas existentes, aquilatando si los programas actuales son
superiores o no a los resultados probables de la propuesta por él
recomendada.
Por su parte, Rocío Rodríguez Garza analiza la eficiencia
redistributiva de las transferencias orientadas a mitigar las desigualdades
regionales. El artículo plantea que la descentralización
del gasto federal hacia los estados no ha mitigado las diferencias regionales,
y por lo tanto, los niveles de pobreza, medida bajo diferentes estándares.
De acuerdo a la autora, la razón es que las transferencias no
conllevan los incentivos para que los estados también aporten,
de sus recursos propios, a los programas para paliar la miseria. Por
el contrario, los incentivos son orientados a gastar más sin
cuidar el ahorro y la eficiencia en el uso de los recursos traspasados
por la federación. El esquema seguido es perverso, pues provoca
un desincentivo tanto para elevar los ingresos propios, como para restringir
las erogaciones, ya que bajo este esquema los estados con niveles de
gasto más elevados y la recaudación impositiva más
baja son los que obtienen mayores recursos a través de transferencias.
En la segunda secuencia de artículos se abordan los problemas
sectoriales en donde anida especialmente la pobreza. Así, dado
el panorama rural actual, hoy, como en 1910, se puede decir que el campo
sigue siendo el problema fundamental de México, a pesar de, o
quizá debido a los tratados comerciales, las reformas estructurales
emprendidas, así como del arribo de nueva tecnología.
En este contexto Antonio Yúnez-Naude, Fernando Barceinas y Gabriela
Soto, estudian el problema del campo en los albores del siglo XXI a
la luz de la liberalización agrícola acordada entre México
y los EUA. Los resultados de su trabajo ponen en duda la hipótesis
de que el TLCAN implicó un fuerte cambio estructural en el campo,
y exponen pruebas en el sentido de que este acuerdo favoreció
la concentración y no el bienestar. La emigración rural
creciente es el reflejo de que el sector rural mexicano continúa
en un grave atraso. Los autores evalúan la política agropecuaria
y rural del presidente Fox y reflexionan con desilusión respecto
al futuro del campo mexicano.
Por su parte, Eugenio Carrión Rodríguez considera diversos
aspectos que caracterizan al sector comercio en México. En su
artículo presenta una visión general del comercio interior
mexicano y, después, una selección de temas elegidos con
base en su experiencia. Sus proposiciones se sustentan en material informativo
de difusión escasa pero revelador de la problemática contemporánea
del comercio. La exposición sumaria de los temas es un preámbulo
para tratar algunos de los cambios estructurales del comercio. El autor
señala que más que un análisis de fondo de estas
transformaciones, su artículo presenta un inventario sucinto
de la evolución comercial. Lo mismo puede decirse de los problemas
y retos de la competitividad comercial, abordados en la sección
final de su trabajo.
En el trabajo de Enrique Dávila encontrará el lector
un enfoque diferente del asunto de la formalidad e informalidad del
mercado. El autor considera la formalidad como el cumplimiento, por
parte de un agente económico, de un conjunto de regulaciones
impuestas por el Estado. Afortunadamente, señala, los individuos
no son ni nunca han sido, súbditos obedientes de un Estado todopoderoso,
listos para cumplir cualquier regulación que se les imponga,
sino que evalúan los costos y beneficios de respetarla o no.
Con base en esta proposición, la informalidad es analizada como
el resultado de una decisión racional por parte de los agentes,
y no como un fenómeno que ineludiblemente proviene de un problema
estructural de falta de desarrollo del sector “moderno”.
Los individuos responden a incentivos, positivos y negativos, para decidir
si cumplen con “un conjunto de las regulaciones”. En su
artículo, el autor se limita a bosquejar el análisis de
algunas regulaciones de especial relevancia para el caso de México;
a saber: en el ámbito laboral, el salario mínimo; en el
ámbito tributario, el Impuesto al Valor Agregado (IVA) y el Impuesto
sobre la Renta (ISR); en el ámbito de la seguridad social, el
aseguramiento médico y las pensiones de retiro.
Los siguientes tres artículos están, de forma directa
o indirecta, vinculados con el sector educativo. Este sector es de gran
relevancia en el mundo actual porque el capital humano se ha convertido
en uno de los factores más importantes para el progreso de los
países. Hoy por hoy, los indicadores cuantitativos ceden en importancia
ante los indicadores de calidad, sobre todo a medida que la cobertura
de la educación básica se acerca a cien por ciento. Para
promover la calidad, se requiere saber en qué falla el sistema.
En este contexto, Carlos Ornelas escribe sobre el Instituto de Evaluación
Educativa, sus promesas y sus deficiencias. Desarrolla un balance del
mismo desde su creación el 8 de agosto de 2002. Señala
el agravio que sufrieron quienes esperaban un instituto independiente
del gobierno, un equivalente del IFE para la educación como había
prometido el primer mandatario, de manera que sus evaluaciones fueran
creíbles y ganaran la confianza de la ciudadanía. Entre
las críticas que señala resaltan las siguientes: el INEE
es encabezado por una Junta Directiva bajo la presidencia del secretario
de Educación Pública y en ella están integrados
sus subordinados directos, además del director general del Centro
de Investigación y Estudios Avanzados (CINVESTAV), así
como otros altos funcionarios del gobierno: el director general del
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), un representante
del secretario de Hacienda y Crédito Público. Entonces,
se pregunta, ¿cómo pueden ser las evaluaciones independientes
del poder cuando su principal órgano de gobierno está
avasallado por autoridades y por el SNTE? La explicación más
plausible, dice el autor, es la tendencia de la burocracia a mantener
secretos, a ocultar a la ciudadanía los resultados del hacer
gubernamental. Otras críticas muestran que desde su creación
se definieron de manera ambigua los fines expresos del instituto, no
se manifestó nada acerca de los medios para alcanzarlos, ni de
las actividades concretas; por lo tanto a nadie asombra que a casi dos
años de su creación no se sabe cómo es que se evaluará
el desempeño de las escuelas.
Por su parte, Carlos Pallán y Elia Marúm argumentan
que en los últimos 25 años las políticas de educación
superior han tenido consistencia y continuidad; ellos describen, analizan
y presentan los desafíos a los que se enfrenta este nivel educativo;
al respecto señalan los autores que la calidad debe erigirse
en el eje futuro del desarrollo de la educación superior, porque
de no hacerlo, los esfuerzos por el crecimiento y mejoramiento de las
instituciones resultarían infructuosos. Habrá que ampliar
y diversificar la cobertura ya que la demanda tendrá un enorme
crecimiento. Las instituciones de educación superior deberán
adaptarse con mayor dinamismo a los requerimientos sociales, porque
la calidad difícilmente podrá alcanzarse si no se logra
instrumentar los cambios con la velocidad y ritmos que impone el contexto
social. La educación superior deberá integrarse cada vez
más como un auténtico sistema que interactúa con
otros. Para esto será necesario que el financiamiento sea estable
y exista certidumbre en su disponibilidad. Ello demanda la adopción
de presupuestos multianuales. Los esquemas de rendición de cuentas
deberán ampliarse y mejorarse. No sólo por lo que se refiere
al destino de los recursos y el cumplimiento de programas y proyectos,
sino también para que la noción de calidad, aceptada como
guía para el quehacer de cada institución, pueda tener
sustento y concreción en los resultados que rinda la administración
de cada una de ellas.
Jordy Micheli y Rubén Oliver tratan el tema de la política
de ciencia y tecnología en México. Analizan los alcances
y novedades del marco legal emitido en 2002 en referencia al anterior.
Destacan tres hechos: el que se haya creado en materia de presupuesto
una partida especial, independiente, que contiene el gasto en ciencia
y tecnología; el que la visión general se oriente a la
atención de las necesidades del aparato productivo y que exista
también una visión orientada al desarrollo regional. En
contraste, sostienen que en materia de investigación-innovación
vivimos la paradoja de estar avanzando hacia estructuras productivas
más cercanas a la frontera técnica mundial y, al mismo
tiempo, menos intensivas en el uso de conocimientos técnicos
y servicios de ingeniería de origen local. Este es un escenario,
argumentan, poco apto para los fines estratégicos de una política
en ciencia y tecnología que se imbrique en un proceso de innovación
y se oriente al desarrollo económico. En opinión de los
autores, por primera vez en la historia existen las condiciones para
que se abran nuevas estrategias que permitan colocar los escasos recursos
y esfuerzos, en materia de ciencia y tecnología, en un contexto
de innovación.
Los siguientes artículos tratan sobre la salud, y la equidad
respecto del sistema de pensiones sociales. La importancia de esta temática
en el ámbito nacional va más allá de lo meramente
laboral y, para muchos, amenaza con destruir la solvencia financiera
de todo el país. Raúl Molina y Carolina Carvajal abordan
los problemas de financiamiento y equidad en los sistemas de salud.
Sostienen que en un contexto de escaso crecimiento y desigualdad como
el que priva en México, la situación de la salud dista
mucho de encontrarse en un nivel adecuado; es peor que la que han logrado
países como Costa Rica, Cuba o Chile. Sostienen los autores que
a causa de las reformas a los sistemas de salud, orientadas en su mayoría
a la reducción de la participación del Estado en el financiamiento
de los servicios de salud, han aumentado la desigualdad y el deterioro
del sistema, lo que redunda en una mayor concentración del ingreso
y menores niveles de salud en la población. En contraste, en
los países industrializados encontramos que la aplicación
de los mecanismos de mercado no se ha llevado a cabo. En México,
revelan, el financiamiento a la salud es básicamente privado,
lo que condiciona la forma de acceso a la misma, ya que su consumo no
se relaciona con las necesidades sino con la disponibilidad de ingreso.
En consecuencia, con el tipo de políticas que se están
implementando en el sector, será muy difícil alcanzar
los objetivos de equidad planteados en el Programa Nacional de Salud
2001-2006. Para los países de América Latina y el Caribe,
incluyendo México, debe ser claro que el objetivo de la ampliación
de la cobertura y equidad en el acceso a la salud, no se puede lograr
a través de un financiamiento que se sustenta en los mecanismos
de mercado, en el cual la capacidad de acceso se sustenta en el ingreso
familiar.
Gloria de la Luz Juárez analiza los dos principales sistemas
de pensiones: el de capitalización que rige para los trabajadores
de la iniciativa privada y el de reparto, hasta hoy vigente para los
trabajadores del Estado. Se destacan las ventajas e inconvenientes,
tanto para el momento actual como el futuro, que representarían
estas modalidades para los trabajadores y para la población de
jubilados. La autora explora las experiencias en otros países
y muestra la inviabilidad de los regímenes de capitalización
en el caso Chileno, referente obligado donde finalmente la población
tendrá que recurrir a la pensión mínima garantizada
por el Estado, en virtud de la insuficiencia de los recursos acumulados
y las rentabilidades obtenidas.
Finalmente, esta colección cierra con un artículo que
versa sobre un tema al que, pese a su importancia, se le ha prestado
poca atención en las discusiones: el del agua. Podemos vivir
sin electricidad, con un sistema de pensiones quebrado, con estancamiento
y con inflación, podemos incluso vivir con una gran injusticia
social, pero no podemos sobrevivir sin agua. En México, se discuten
reformas estructurales, de esto y aquello. Pero pese al mal uso que
hacemos del agua, sólo a unos cuantos les ha llamado la atención
el plantearse desde la Academia el estudio del tema. La solución
de los problemas pasa por su entendimiento. Esperamos que el artículo
de Walter Butze y de Antonio Cárdenas mueva a los lectores a
reflexionar más sobre el tema. ¿Qué mejor manera
de terminar El Nuevo Milenio Mexicano que
con un tema de semejante importancia?
Pascual García Alba Iduñate
Lucino Gutiérrez Herrera
Gabriela Torres Ramírez
Coordinadores de la Obra
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